La Cumbre de Copenhague
Cecilia Cortés
En la década de los noventas, la ONU inició un proceso mundial para la atención de los distintos fenómenos relacionados con el clima global; así, en 1997 se celebró en Kyoto, Japón, la Conferencia que adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (Unfccc), conocida como el Protocolo de Kyoto.
En adelante, la reunión o conferencia de los países partes de la Convención se conoce como la COP (del inglés Conference of Parties o Conferencia sobre el Cambio Climático).
Del 7 al 18 de diciembre tendrá lugar en Copenhague, Dinamarca, la XV Conferencia sobre Cambio Climático con una meta sumamente ambiciosa como es la adopción del Protocolo de Copenhague que sustituya al de Kyoto el 1 de enero de 2013.
En Kyoto, los 189 países firmantes de la Unfccc acordaron reducir las emisión de gases de efecto invernadero en un 5,2% con respecto a las de 1990, los ecologistas protestaron por la poca entidad del compromiso; a muchos otros actores les pareció algo inalcanzable. Copenhague, por su parte, se propone transformar la manera de producir energía, transportarse, calentarse, producir alimentos o cualquier otro producto.
Muchas cosas se juegan en Copenhague y durante el presente año, a escala global, se ha llevado a cabo un intenso proceso negociador donde todos los países mueven sus fichas.
John Theodore Houghton, exprofesor de física atmosférica de la Universidad de Oxford que copresidió el grupo de trabajo de evaluación científica del Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC), afirmó que fuertes intereses personales han invertido millones de dólares en difundir desinformación sobre el cambio climático.
Primero, intentaron negar la existencia de cualquier evidencia científica sobre el calentamiento global. Más recientemente, en gran parte han aceptado la realidad del cambio climático antropogénico (fabricado por el hombre), pero sostienen que sus impactos no serán grandes, que podemos “esperar a ver” y que, en cualquier caso, siempre podemos solucionar el problema si resulta ser sustancial. La evidencia científica, según Houghton, no respalda estos argumentos.
En en palabras de R.K. Pachauri, presidente del IPCC, el cambio climático es una realidad inequívoca y más allá de cualquier duda científica.
Algunas partes del mundo son más vulnerables a estos cambios. África se ha calentado tres veces más que el resto del planeta; los arrecifes de coral, los grandes deltas y los pequeños estados formados por islas son también extremadamente vulnerables al aumento del nivel del mar. Están también la reducción de las cosechas, la escasez de agua que en el 2020 podría afectar a entre 75 y 250 millones de personas en África.
Encuentro decisivo
Copenhague será decisivo en la historia de la humanidad si esta acepta el reto y aborda la cuestión de manera decisiva, pero el proceso es muy complejo porque el acuerdo de Copenhague debe cumplir los requisitos políticos de todos los países participantes, en especial cuatro principales según Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Cnfccc: 1) los objetivos de la reducción de las emisiones para los países industrializados, 2) hasta dónde los principales países en desarrollo pueden emprender acciones de mitigación apropiadas a escala nacional más allá de lo que ya están haciendo, 3) la disponibilidad de financiamiento y tecnologías limpias a través de la cooperación internacional, y 4) la gobernanza de la nueva convención.
El cambio climático es la amenaza más importante para la biodiversidad de la Tierra, sus recursos naturales, la agricultura, la erradicación de la pobreza y la disponibilidad de agua. La humanidad necesita alcanzar en Copenhague un gran acuerdo basado en la equidad, la integridad medioambiental y la apertura a todos los medios de que se dispone para alcanzar el objetivo: detener el calentamiento global y asegurar las capacidades necesarias para resistir los escenarios climáticos más probables en el futuro cercano.
Los naciones, los gobiernos, la empresa privada socialmente responsable y la sociedad en general están convocadas a promover un nuevo acuerdo sobre el tema. Las concentraciones de dióxido de carbono y otros gases que provocan el efecto invernadero en la atmósfera han alcanzado las 435 partes por millón de CO2 equivalente, frente a unas 280 antes de la industrialización en el siglo XIX.
Los países en desarrollo (los más vulnerables) sienten irritación y reconocen la injusticia de la situación actual, necesitan ayuda para adaptarse a los efectos del cambio climático y de la reducción del carbono. Se trata de una revolución climática donde los países ricos ya están haciendo innovaciones notables desde sus sectores privados, por medio de inversiones en eficiencia energética y tecnologías que utilicen poco carbono.
El cambio climático representa una profunda amenaza para nuestro futuro económico, mientras que el crecimiento con poco carbono promete decenios de una prosperidad mayor. La decisión de Copenhague será difícil y lo que está en juego no podría ser mayor. Está claro lo que hay que hacer y hay que hacerlo.
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